Etiquetas

, ,


Identificada como extranjera, la gente me quiere ayudar explicándome dónde queda esta o aquella dirección. Yo les digo que conozco la ciudad, que no hay problema. Me miran con extrañeza. Respondo: es que yo nací aquí. Más extrañeza. Y, además, conozco muy bien la ciudad porque mi madre era adicta a las mudanzas. Desconcierto total.

Creo que ahora puedo entender mejor qué es lo que sucedía. Mi madre era impulsada por una energía asombrosa y caótica. Una fuerza que llegaba a arrollarla a ella misma y que la llevaba a una suerte de huida hacia adelante. ¿Las cosas no están saliendo bien? ¡A cambiar de barrio! Y debo decir que en general no salían bien. Además, ¿qué cuesta mudarse cuando no hay posesiones? No es una figura del lenguaje, es literal. Hasta bastante avanzada su vida, mi madre no tenía casi nada: no había muebles por ejemplo. Así que íbamos cambiando de barrio, de pensión en pensión, en habitaciones amobladas o arreglos similares. Sin orden preciso, puedo mencionar: Chacarita; Villa Crespo -cuando no quería ser Palermo Queens-; Paternal -cuando era grande y abarcaba también Villa Mitre y Villa santa Rita-; Palermo -cuando no era ni soho, ni hollywood, sólo Palermo a secas-; Once -ahora Balvanera-; Caballito, San Telmo e incluso un cruce de frontera fuera de la capital con una breve estancia en Lanús. Y, ya sin mi compañía, Parque Centenario y Congreso.

Hay tantas maneras de conocer una ciudad…

Anuncios