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A pesar de su breve carrera –murió a los 38 años víctima del Sida– Félix González Torres tuvo tiempo de realizar una obra relativamente extensa pero sobre todo compleja y polémica, con una fuerza intelectual y emocional tan auténtica que seguramente seguirá despertando un apasionado interés a través de los años.

Sus temas son los que siempre han preocupado a los hombres: el amor, la muerte, la libertad; pero su honesto compromiso político y artístico y su elaborada inteligencia, lo conducen a conmovedores y absolutamente personales hallazgos expresivos. Entre estos hallazgos, sin duda están sus célebres vallas, parte fundamental de su trabajo fotográfico, que han sido instaladas no sólo en Nueva York sino en varias ciudades del mundo. Y también llegaron a Caracas: una que pertenece a la serie de los “Los Buitres” y la otra, sin duda de las más recordadas: “la de las almohadas”.

¡Ah, las almohadas… ¿qué decir que no resulte obvio, tal es la elocuencia de ese lecho que parece recién abandonado por los amantes? Todo allí despierta la imaginación amorosa: la huella profunda dejada por las cabezas próximas en las almohadas, el dulce desorden, la ausencia de los cuerpos… pero sobre todo, la intimidad. La intimidad expuesta en la vía pública, a la vera del camino, una intimidad ajena que bien podría ser nuestra, observada bajo la titilante luz nocturna en una calle de Los Chaguaramos o bajo un cielo nublado en el 23 de enero. Este brutal contraste no es casual. Oigamos al propio autor cuando le preguntan si sus trabajos son una metáfora de la relación entre el individuo y la multitud:  “Tal vez entre lo público y lo privado, entre lo personal y lo social, entre el miedo a la pérdida y la alegría de amar, de crecer, de cambiar, de siempre volverse más, de perderse a uno mismo lentamente y luego rehacerse desde la ruina. Yo necesito al que ve, necesito la interacción pública… sin el público, estos trabajos no son nada, nada. Necesito al público para completar el trabajo. Yo le pido que me ayude, que tome responsabilidad, que sea parte de mi trabajo, que se una a él.” ¿Cómo no aceptar agradecidos tal invitación?

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No sólo el amor, o su ausencia, nos sacude el alma. También la soledad, y su expresión última: la muerte. Sobre el mercado de Quinta Crespo, donde la vida efervesce sin tapujos, una valla muestra un cielo levemente nuboso con un único pájaro. Es la imagen quieta y silente de la soledad sobre una realidad ensordecedora y salvaje, pero también el rostro de la libertad sobre la tienda que vende pájaros enjaulados y todavía algo más, algo que el público ignora, la significativa identidad del pájaro: el que habita ese paisaje sugerente y delicado es en realidad un buitre, un ave que se alimenta de carroña, de restos de alimentos. Y si este buitre pudiera cobrar vida, ¿habría acaso para él un cielo más adecuado que el que cubre a Quinta Crespo?

En el cielo de los artistas, donde seguramente está, Félix González Torres disfruta de su obra caraqueña, de este libro que nos muestra cómo otros artistas dan testimonio fotográfico de sus vallas, de “sus piezas indestructibles que siempre existirán  porque realmente no existen o porque no tienen que existir todo el tiempo.”

Nota: Las citas de FGT están tomadas de la entrevista que le hiciera Tim Rollins en Nueva York, en 1993, publicada en la revista Art Press. Blanca Strepponi

Billboards, Caracas : diez registros fotográficos de las vallas de Félix González-Torres : Museo Alejandro Otero, Caracas, April 2-June 25, 2000 / [curada por Carlos Basualdo ; textos, Thelma Carvallo, Blanca Strepponi ; traducción, Julieta González]

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