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En una de las esquinas de un barrio alemán habitado por desempleados y extranjeros, la fotógrafa Bettina Flitner observa a las personas que pasan. Detiene a una señora de aspecto cansado y le pregunta: ¿Usted cree que merece un monumento? ¿Yo?, contesta con asombro la señora. Y Bettina le dice: la mayoría de los monumentos se hacen en honor de grandes héroes, guerreros, luchadores por la libertad. ¿No hay nada por lo que a usted se le deba un homenaje?

Las mujeres abordadas suelen guardar silencio, pero luego del primer desconcierto comienza con frecuencia una narración conmovedora: han sobrevivido a la guerra, o a un marido que las golpeaba, han alimentado a sus hijos en las peores circunstancias, han superado dificultades y peligros… Bettina las invita entonces a su estudio, una habitación cedida por una organización de vecinos donde cuenta con un pedestal y variados accesorios propios de vencedores: coronas, espadas, antorchas, alas, cascos, escudos. Y allí las mujeres eligen el que consideran apropiado para posar en su propio monumento.

Dice Bettina: Cada una de ellas lleva el mundo a sus espaldas, como una casa invisible.

Dice una de retratadas: Mi nombre es Wilhelmine Springob. Mi monumento se eleva aquí en nombre de todas las madres. Yo tengo 5 hijos, 24 nietos y 6 bisnietos. Y todos me necesitan.

http://www.bettinaflitner.de/essays_denkmal.html?&L=1

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