Para A.

Pienso en mis amigas

las que han perdido a sus hijos.

Cuando encuentran su rostro, no se reconocen.

Me dice:

aquí estoy

en esta ciudad donde el sol arde

esperando sin voluntad.

 

No me atrevo a contarle acerca del árbol

apenas brillando en una calle de invierno.

Alguien había envuelto cada una de sus ramas

con pequeñas luces blancas.

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