Etiquetas


El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Hace unos días fui con un amigo a la Feria Medieval en la Sociedad Lituana de Lanús. Si bien Lanús está en la provincia de Buenos Aires, y es técnicamente una ciudad de algo más de 200 mil habitantes, que forma parte a su vez del partido de Lanús con más de 400 mil habitantes, en la “vida real”, Lanús y todas las otras ciudades que rodean a la capital, se suma a los 15 millones de habitantes del gigantesco conglomerado urbano llamado Buenos Aires. Pero, a diferencia de la capital, no hay glamour en Lanús. Bajas construcciones se extienden a lo largo de las calles y avenidas, planicies urbanizadas sin gracia, árboles tímidos, nada particular que decir.

Tal como ocurre en la capital, en Lanús todo lo que rodea a las personas ha sido construido por personas, es decir, la naturaleza está por completo ausente, solo que esa ausencia en la capital está compensada por una arquitectura notable.

Recuerdo los versos de Eliot: el hombre no soporta mucha realidad, y me pregunto ¿cómo lidian las personas con la abrumadora monotonía de este paisaje urbano?  Y entonces comprendo que  lo que parece una extravagancia absoluta, una Feria Medieval en Lanús, es en realidad una expresión natural humana, la de crear mundos interesantes y significativos, espacios donde la imaginación ejerza su poder, donde la gente pueda soñar y también jugar.

Así, en esta feria medieval celebrada en una modesta cancha de basquet, hay puestos de artesanos, comida danesa,  grupos ucranianos de danza… y el espectáculo central: la recreación de la feroz batalla de Žalgiris, en la que los lituanos aliados con los polacos vencieron a los caballeros teutones en el año 1410, gracias al sacrificio de doce mil vidas.

Los trajes han sido confeccionados con cuidado, aunque el conjunto no sea meticuloso y descuide detalles que no cumplen con las exigencias históricas. No importa, los hombres lucen atractivos y por momentos amenazantes, blanden hachas y escudos y se gritan entre sí con entusiasmo. Los combates se expresan en brevísimos encontronazos de ambos grupos, que se reanudan casi de inmediato, en cuanto los muertos resucitan y se ponen de pie escudo en mano. Luego hay combates individuales con unos dedicados árbitros que golpean amablemente los yelmos de los contrincantes. Teutones y lituanos se besan y abrazan, caen heridos al piso, muertos de risa, mientras el público aplaude y toma fotos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Anuncios