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Blanca Strepponi. Tomado del libro Hard Sex. Editorial Se-Imprime. Colección Fotobias. Buenos Aires, 2015

 

“Es difícil algo más feo, vulgar, casi repulsivo, y por lo tanto menos parecido a Sarmiento; frente fugitiva, deprimida como la de un reptil, nariz pequeña y ondulada”

“Es difícil algo más feo, vulgar, casi repulsivo, y por lo tanto menos parecido a Sarmiento; frente fugitiva, deprimida como la de un reptil, nariz pequeña y ondulada” Foto: Wikipedia

Monumento a Sarmiento. Auguste Rodin.
Apenas tres días después de la muerte de Sarmiento, tomó forma la idea de homenajearlo con un monumento. Las figuras más destacadas de la cultura y la política pusieron manos a la obra, de modo que a fines de septiembre de 1888 ya se había nombrado una sub comisión artística encabezada por Aristóbulo del Valle a la que luego se sumaron Eduardo Schiaffino y Miguel Cané, quienes apostaron audazmente por  encargar el monumento al artista francés Aguste Rodin, el mayor escultor moderno del momento.
 
A pesar del entusiasmo, y del meticuloso contrato firmado en París, el monumento fue inaugurado en 1900, ¡doce años después de la muerte de Sarmiento!
 
Había una gran expectativa ante la primera y única obra que el artista realizara para un país de América Latina. Y también había rumores de inconformidades estéticas, reforzados por el virulento rechazo en Francia al recién terminado monumento a Balzac, en el que el escritor luce como una suerte de alien gigantesco.

Aguste Rodin, junto a la escultura de Sarmiento

Aguste Rodin, junto a la escultura de Sarmiento

Rodin decía que veía en los hombres sus pasiones y en las mujeres delicados misterios, seguramente veía en Balzac oscuras pasiones. En cuanto a Sarmiento, Rodin se negó a escuchar los lastimosos ruegos de Cané: “Pasé dos años suplicándole, usted sabe con qué insistencia, que le diera a los rasgos y a la cabeza de Sarmiento todo el parecido posible con el original”.  Por fortuna, tampoco escuchó las sugerencias de Aristóbulo del Valle para que realizara un Sarmiento-Titán arrojando una gran roca que representaba la destrucción de la barbarie.
 
El caso es que el 25 de mayo de 1900, tedeum y desfile militar mediante y ante un público estimado entre 70 y 100 mil personas, el monumento fue descubierto. Oh, las reacciones no se hicieron esperar.
Dijo La Nación, sin rodeos: “Es difícil algo más feo, vulgar, casi repulsivo, y por lo tanto menos parecido a Sarmiento; frente fugitiva, deprimida como la de un reptil, nariz pequeña y ondulada”.  Ante la violencia creciente, las autoridades designaron una custodia para preservar el monumento.
 
Sarmiento, hombre de avanzada, tuvo tal vez la idea más vanguardista: “¿El mejor monumento que se me podría levantar? Ir a la cordillera y arrancar un buen pedazo de picacho andino, y traerlo a Buenos Aires y plantarlo en donde quisieran, en la piedra bruta, en la roca viva, grabar: Sarmiento; y nada más”.

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