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Acerca de Crónicas budistas de Blanca Strepponi
Palabras dichas por Yolanda Pantin

El cactus en el jardín del templo

Texto leído en la presentación del libro el 6 de diciembre de 2016 en la librería El Buscón, Caracas

Tengo a Blanca como a una hermana. Nos conocimos en los años de nuestra segunda juventud en circunstancias entrañables y misteriosas donde aparece Igor junto con tantos compañeros en el Taller Calicanto. Ella dejaba Argentina en el exilio.

Nosotras continuamos el caminar donde aprendimos la una de la otra, yo a luchar contra los prejuicios, y ella dirá qué cosa…Hay una anécdota cómica. Siendo una izquierdista con todas las letras, cuando entró por primera vez a mi casa y vio enmarcada una fotografía de los últimos zares de Rusia, pensó en retroceder…

Entonces todo eran los poemas, y así compartíamos los hallazgos con fascinación. Yo le temía a su sinceridad pero siendo que somos tan distintas, nuestras sensibilidades pasaban por las imágenes lo que llevaba a Blanca a podar las ramas que perturbaban la vista de su querer decir. Igual a como buscaba la transparencia detestaba la verborrea. Ahora la comprendo, ella estaba lejos de la literatura pretenciosa. Así, su trabajo en poesía, en narrativa y en teatro, también en la crónica periodista, fue avanzando con una honestidad sin complacencia, interrogándolo todo –y por qué- cuando todo se daba por sentado en el mundillo literario venezolano.

Entre el mal y la inocencia veo ahora que oscilaba su poesía. Así las niñas ensayando pasos de ballet en la cocina, los animales de latón recortado en el jardín de infancia subiendo la colina hasta mi casa en Poemas visibles, la maligna obra del pretendido bien en La canción del verdugo, los turbios recuerdos en La balada de la revelación, o el desconcertante encuentro con el otro en el Diario de John Roberton quien en realidad era su alma gemela. Años más tarde, muchos años después, la pregunta incontestable sobre la naturaleza del mal llevó a Blanca hasta las puertas de un templo.

Estaba en ella desde siempre aunque distraído y muy ocupado en resolver cuestiones de la vida diaria, yendo y viniendo del centro hasta la estación Palo Verde y luego hasta Altamira, una persona profundamente religiosa. Sus relatos entonces aunque no escritos recogían una carga inmensa de pesadumbre y de piedad. En su respeto al otro había algo reverencial. Así que este asunto no es puramente literario, o lo es si el poema se deja del ‘yo’ (el yo de la crónica periodística) y recoge la verdad interior.

La crónica necesita explayarse para recoger los días, eso que ocurre y no alcanzamos a comprender y por lo mismo necesitamos verbalizar o dejarlo por escrito. Lo que Blanca me contaba de lo que veía en la ciudad cuando se fue desmoronando en los 90’. Yo lo vi, dice la crónica, yo lo viví. En la enseñanza budista, la crónica se hace mínima y paradójicamente contiene la potencia del universo representado en ‘casi nada’, ¿cuánto ocurre en una gota de agua?

No sé por qué pienso ahora como en la imponencia de los paisajes naturales y en la elevación mística. Recuerdo que entre las lecturas de Blanca en nuestros años de aprendizaje estaba el relato de viaje de Michaux al Ecuador y su encuentro con ‘las altas cumbres’. Eso que es impenetrable y abrió las puertas para que su poesía, en la búsqueda de alguna respuesta, se hiciera híbrida al igualar los lenguajes escritos y visuales, sobre todo, su relación con la imagen fotográfica cuando descubrió una roca sorda en mitad del océano.

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Son 108 las reverencias en el budismo won, y cada una de ellas en su breve enunciación puede ser leída como un poema. Busco en internet, Blanca me ayuda: ‘El Buda enseñó que hay 108 ilusiones de la mente. Reflexionamos profundamente sobre la verdad esencial que nosotros mismos creamos y amplificamos nuestros sufrimientos a través del apeqo a nuestros pensamientos engañosos y nos inclinamos 108 veces en arrepentimiento para despejar nuestras mentes de estos pensamientos’ .
Tratando de comprender lo que tengo tan lejano, leí que las palabras ‘reverencia’ y ‘templo’ contienen en coreano los mismos fonemas.

Estas crónicas a partir de 26 reverencias pueden leerse también como imágenes fotográficas. Imágenes de la mente. Por cierto, chateando con Blanca supe que el proyecto original de Crónicas budistas incluía una serie de fotografías, la mayoría en los alrededor del templo donde se reúne su grupo en Buenos Aires con el Maestro. Es natural puesto que la fotografía dibuja con la luz. Menciono de pasada la serie que está desarrollando y exponiendo en una página de Facebook y que ha llamado Pequeñas aventuras. Vuelve el dato: lo pequeño, lo mínimo y como con nada, si nada es la luz, se abren los mundos.

La imagen y el pensamiento como una crónica. Todo lo que está contenido en ese instante que es el de la revelación y el de la aceptación también de los límites en la búsqueda de la sabiduría, de allí el inclinarse con humildad, y una profunda compasión por lo vivido y dejado en su segunda patria, Venezuela, el sufrimiento que está en su poesía y en su trabajo (su vida anterior), el mal que terminó avivando el incendio político, para regresar a la Argentina y poder sin pretenderlo, cerrar un ciclo.

Bella edición de dcir, un libro de ajustado formato y sugerente ilustración en la portada por Annella Armas que ayer tomó Mariji y empezó a hacer como si lo estuviera leyendo, y que yo puedo tener siempre en el bolso porque su lectura se me hace necesaria.

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