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Para quienes amamos las palabras, Lost in translation, compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo, resulta una compra casi irresistible. Se trata de una edición preciosa, digna del sello Libros del Zorro Rojo.

Pero… en primer lugar, cabe esta advertencia: aunque lo parezca, no es un libro para niños. Hay que recordar que esta editorial tiene una colección infantil y otra para jóvenes y adultos, pero como nada se señala en el diseño resulta confuso, sobre todo porque las bellas ilustraciones tienen un encanto algo naif e infantil.

En la introducción, la autora, Ella Frances Sanders, reflexiona muy sencillamente sobre la naturaleza del lenguaje y su propia experiencia. Como suele suceder en las introducciones, cita a un autor, pero de una manera muy curiosa, ya que no se trata de una autoridad en lingüística, por decir algo, sino de Eckhart Tolle, un escritor “espiritual”. Y además, lo cita para decir que no está de acuerdo.

En fin, luego comienza el libro. La selección de las 49 palabras intraducibles es hermosa e interesante y a veces solo interesante. A veces también hay que esforzarse en la lectura pues las definiciones forman parte de la ilustración y se desfavorece la tipografía.


Hay palabras preciosas, como “komorebi” que en japonés significa “la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles”. La palabra portuguesa “saudade” no podía faltar. También resulta llamativo que aparezca una palabra yámana, hablada por los yámanas de Tierra del Fuego: mamihlapinatapai, que significa nada menos que: “el entendimiento silencioso entre dos personas que están pensando o deseando lo mismo, pero ninguno se atreve a expresarlo. Sin duda ¡vale la pena memorizarla!

Ahora bien, no puedo evitar preguntarme, siendo que los tres idiomas más hablados del mundo son el chino, el español y el inglés, ¿no valía la pena investigar hasta encontrar alguna palabra intraducible? Y lo digo porque de las 49 palabras hay cinco en alemán, cuatro en japonés, cuatro en sueco, tres en ydish y tres en árabe, mientras que del resto de los idiomas hay varios pares. Habiendo hecho ese esfuerzo, la promesa hecha al lector en la tapa (compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo) hubiera quedado más satisfecha.

Por último, me dirán conservadora, pero en un libro de 112 páginas, ¡cuánto me hubiera gustado que llevaran numeración! Y ya que tampoco hay índice, sería de mucha utilidad. Por ejemplo, uno podría decirle a un amigo: fíjate en la página tal, eres un luftmensch -un soñador…

 

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